“…No es gratuito que desde su terminación, las casas y edificios aledaños a las estructuras que son una afrenta a la buena arquitectura, se hayan inundado…”

Nadie discute que los proyectos de infraestructura son necesarios para el desarrollo de los entes territoriales y que a través de su ejecución se dinamiza la economía al generar flujo de recursos, pero estos deben responder a una correcta y responsable planeación, no se pueden hacer por emotividad o simplemente atendiendo mezquinas ambiciones personales.
En los últimos meses el gobierno local ha puesto en marcha una de serie de obras en los diferentes sectores y en casi todas ellas se observa una clara falta de planeación y aunque son presentadas como la panacea, se han convertido en verdaderos problemas y dolores de cabeza para el vecindario.

Dos de esas obras son los puentes que se construyeron en las calles 28 y 22, la más clara muestra de improvisación de un gobierno que ejecuta sin que existan estudios previos que determinen la necesidad y mucho menos el impacto que estas van a generar.
No es gratuito que desde su terminación, las casas y edificios aledaños a las estructuras que son una afrenta a la buena arquitectura, se hayan inundado y eso que a juicio de los expertos, el aguacero del domingo pasado no tuvo la intensidad de los registrados en épocas anteriores, hecho que causa temor pues el recrudecimiento de la ola invernal podría causar daños peores a los ya registrados.

Lo más triste de la situación es leer y escuchar a voceros del gobierno y al ejército de defensores que ahora se atrincheran en las redes sociales, una buena cantidad de ellos con perfiles falsos, decir que la culpa es del sistema de alcantarillado o que un aguacero de tal magnitud, nunca se había presentado pero lo que no dicen es que antes de los puentes, se registraron lluvias mucho más intensas y nunca el vecindario se inundó como lo prueban las fotos y videos que ruedan por las redes sociales.
Pero la misma falta de planeación la sufrieron los habitantes del barrio Escobar cuando se derribó el llamado muro de Gardeazábal y luego de un torrencial aguacero vieron como sus casas se inundaron. En esa ocasión de nada sirvió el concepto técnico de Centroaguas que señaló no procedente derribar la mole de concreto, pero aún así lo demolieron y la amenaza sigue latente.

La misma improvisación en la manera de gobernar se observó cuando la acuciosa Oficina de Planeación ordenó derribar las gradas exteriores de viviendas construidas décadas atrás desconociendo que cuando las hicieron la norma reguladora ni siquiera existía. De no haberse dado una reacción oportuna el atropello habría continuado.
¿Algún tulueño conoce o tuvo acceso al estudio técnico de movilidad en el que se soportan los cambios viales y la excesiva semaforización?. La respuesta es no, pues en este tema también se nota cero planeación porque están convencidos los asesores de movilidad que entre más cruces semafóricos hayan mejor es la circulación. Basta con darse un paseo por las calles para comprobar que la movilidad en la zona céntrica se volvió más lenta y tediosa.
Podríamos citar muchos otros ejemplos de la falta de planeación y de la improvisación que reina en el gobierno de turno pero faltaría papel y tiempo para consignarlas todas.

Lo que decimos a manera de cierre de esta nota editorial es que nos asusta la pasividad de los entes de control que están convertidos en apéndices del ejecutivo pues sus líderes son personas del afecto del mandatario y poco les importa la suerte de sus conciudadanos por lo que hoy se puede decir que el alcalde no tiene quién lo ronde.

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